Planeta rojo tiene agua salada
Los investigadores de la NASA (Agencia Espacial de Estados Unidos) sospechan que podría haber agua salada en estado líquido en la superficie de Marte, una indicación más que mantiene vivas las esperanzas de los científicos de algún día poder encontrar formas de vida en el planeta rojo.
El hielo de Marte podría haberse trasladado a su ecuador. |
Este último dato proviene de las exploraciones de la sonda espacial estadounidense Phoenix.El aparato pudo hacer un breve reconocimiento del polo norte de Marte antes de apagarse debido a las duras condiciones del actual invierno marciano.
"Si se confirman los datos, este hallazgo podría ser una buena noticia para los investigadores que buscan evidencia de que hubo vida en el pasado del planeta", señaló el especialista de la BBC en temas científicos, Paul Rincón.
"Si alguna vez hubo bacterias primitivas en Marte, podrían haberse conservado evidencias de ello en las lagunas saladas que posiblemente sean suficientemente rasas para permitir el acceso a un astronauta o a una sonda robótica", agregó.
Hace 1,25 millones de años
Los científicos creen que el agua fluyó por la superficie de Marte hace 1,25 millones de años en un pasado relativamente reciente.
Nuestro propio planeta cuenta con varios abanicos fluviales. |
Su estudio más reciente indica que el desgaste producido por el flujo del agua generó un sistema de zanjas conocido como un abanico fluvial .El tema forma parte de las discusiones que se llevan a cabo esta semana en la 40ª. Conferencia Científica Lunar y Planetaria (LPSC, según sus siglas en inglés) en Houston, Estados Unidos.
"El abanico fluvial aporta una evidencia muy fehaciente de distintos episodios múltiples del flujo de agua. Estamos hablando de una tasa de metros cúbicos por segundo. No es un goteo pero tampoco es un chorro torrencial", señaló a la BBC uno de los autores del estudio, Samuel Schon.
El coautor del estudio y colega de Schon en el departamento de geología de la Universidad de Brown en Rhode Island, EE.UU., James Head III, hizo una comparación con los valles secos de Antártida, donde el viento esparce pequeñas cantidades de nieve por la superficie que luego quedan atrapadas en pequeñas zanjas.
"Cuando observamos esas zanjas utilizando las cámaras HiRise y CTX de la Nave de Reconocimiento Orbital de Marte, vemos material muy luminoso que tiene las características del dióxido de carbono y agua helada. Esto se acumula en las áreas protegidas", señaló Head en declaraciones a la BBC.
Oblicuidad
Al igual que en la Tierra, el ángulo de inclinación del eje de Marte en relación al Sol, u oblicuidad, suele modificarse a través del tiempo.
Los valles secos de Antártida tienen algunas similitudes con Marte. |
"Sin embargo los cambios en la oblicuidad de Marte han sido mucho más significativos. Por eso hemos podido observar evidencia de que el hielo se haya transportado hasta el ecuador", según Head.Y el comportamiento de las algas en la aridez helada de la Antártida podría darnos una indicación de algo similar en Marte. Estos organismos suelen revivir cuando se produce el deshielo en el verano antártico.
"No podría afirmar que eso es lo que ocurre en Marte. Sin embargo está claro que en la Tierra los organismos se han adaptado a la disponibilidad muy periódica del agua y se proliferan en Antártida bajo esas condiciones", dijo Head.
Con el agua al cuello
Todo indica que el nivel del mar se elevará aún más de lo previsto debido a cambios en las capas del hielo polar.
Los investigadores prevén severas consecuencias para ciudades afectadas por el nivel del mar como Londres.
Los científicos que participaron en la Conferencia sobre Cambio Climático de la Universidad de Copenhagen señalaron que las proyecciones anteriores de Naciones Unidas (ONU) eran demasiado bajas y advirtieron que los niveles del mar podrían elevarse un metro o más hasta 2100.
Estos cálculos no incluyen el impacto potencial del derretimiento de las capas de hielo polar.
Los expertos insisten en que podrían producirse consecuencias "severas" para millones de personas.
El 10% de la población mundial, es decir unos 600 millones de habitantes, vive en zonas bajas.
Previsiones cambiantes
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC, según sus siglas en inglés) señaló en su Cuarto Informe de Evaluación de 2007 que el nivel máximo de aumento de los niveles del mar sería de 59 centímetros.
Grandes cantidades de agua se drenan a través de los huecos en el hielo. |
El profesor Konrad Steffen de la Universidad de Colorado, quien lleva 35 años estudiando el fenómeno del hielo en el Ártico, presentó nuevos datos el martes ante la conferencia para hacer hincapié en la pérdida de hielo en Groenlandia.
"Hasta 2100 yo anticiparía un incremento en el nivel de la magnitud de un metro, pero podría ser de 1,2 metros o de 0,9 metros", señaló Steffen a la BBC.
"Sin embargo sería de un metro o más si nos guiamos por los cambios actuales, los cuales son hasta tres veces más que el promedio previsto por el IPCC".
"Este es un cambio de gran magnitud y significa que hay que actuar".
El Dr. John Church del Centro Australiano de Investigación del Tiempo y el Clima se sumó a la advertencia.
"Las investigaciones más recientes demuestran que el nivel del mar se ha elevado unos tres milímetros al año desde 1993, una tasa muy superior al promedio del siglo XX", dijo.
Alarma por nuevos datos
El profesor Eric Rignot, investigador científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (Agencia Espacial de Estados Unidos) sostiene que los nuevos datos posteriores al informe del IPCC son prueba de que no se puede hacer caso omiso de las advertencias acerca del derretimiento de las capas de hielo polar.
"Como resultado de la aceleración del derretimiento de glaciares en amplias regiones, las capas de hielo en Groenlandia y Antártida ya están aportando más volumen al incremento en los niveles del mar y a un ritmo más elevado de lo previsto", según Rignot.
El aumento de los niveles del mar amenaza a muchas zonas costeras. |
"Basado en la experiencia del pasado, yo anticiparía que el crecimiento del nivel del mar se acelerará conforme se caliente el planeta", señaló el profesor Stefan Ramstorf del Instituto Postdam de Investigación del Impacto Climático.
Las previsiones de los científicos serán de suma importancia para las comunidades costeras.
En la localidad de Lowestoft, en la costa oriental del Reino Unido, el funcionario de la Agencia del Medio Ambiente encargado de proteger la costa, David Kemp, dijo que inclusive pequeños incrementos en el nivel del mar podrían ser abrumadores.
"Para decirlo sin tapujos, si está 10 centímetros por debajo de las barreras no hay problema.
Pero si está 10 centímetros arriba de las barreras, entonces nos depara una devastación.
Parece algo muy benigno en la actualidad, pero el Mar del Norte es capaz de convertirse en una bestia muy feroz".
La nave OCO, el 'vigilante del cambio climático', no logra alcanzar su órbita
El cohete Taurus, que transporta el 'Observatorio Orbitador del Carbono' (OCO), ha sufrido un problema minutos después de despegar de la base Vandenberg de la Fuerza Aérea de EEUU en California. Los responsables del lanzamiento declararon que el cohete experimentó una contingencia al no desprenderse, como estaba previsto, la cofia que protege la carga después del despegue.
"No hemos tenido un lanzamiento exitoso esta noche", reconocía el comentarista del canal de televisión de la NASA, George Diller, durante la retransmisión del despegue.
Con esta misión, la agencia espacial norteamericana pretendía poner su enorme potencial tecnológico para mejorar el conocimiento acerca del calentamiento global. Este proyecto, cuya inversíón total ha sido de más de 210 millones de euros, debía convertirse en la primera plataforma espacial diseñada para medir las concentraciones de CO2 -el principal gas de efecto invernadero responsable del cambio climático- en la atmósfera terrestre.
Según los cálculos científicos cerca del 60% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) provocadas por el hombre son absorbidas a partes iguales por los océanos y por los ecosistemas terrestres y los suelos. El resto permanece en la atmósfera aumentando la cantidad total de este gas y contribuyendo con ello al calentamiento global.
«El problema que tenemos para medir las concentraciones de CO2 es que es realmente difícil señalar dónde se encuentran los sumideros de este gas», asegura Anna Michalak, miembro del equipo científico del OCO. El nuevo observatorio de la NASA tiene precisamente el objetivo de identificar los sumideros o puntos de absorción y las principales fuentes emisoras.
El dióxido de carbono es uno de los componentes fundamentales de la atmósfera terrestre y por ello un pequeño cambio en el ciclo natural de emisión y absorción puede alterar gravemente el clima del planeta. El hombre es responsable de un 2% de su producción total, pero ese pequeño porcentaje ha situado las medidas de este gas en su nivel más alto del último millón de años. «Tenemos que poder diferenciar entre diferencias de concentración muy pequeñas», afirma el investigador principal del proyecto, David Crisp.
Por ese motivo el nuevo satélite, que tiene el inusual y pequeño tamaño de una cabina de teléfono, está equipado con tres equipos de medición llamados espectrofotómetros, dos para medir el CO2 y uno para el oxígeno molecular, que sirve como control porque permanece constante en la atmósfera. Según las previsiones de los científicos, completará una vuelta cada 99 minutos y pasará por el mismo lugar cada 16 días. Además, posee un telescopio con una potente cámara dos veces más eficiente que la que porta el Hubble.
Este observatorio espacial ayudará a mejorar el conocimiento que se tiene en la actualidad del ciclo del carbono, algo fundamental para ayudar a los responsables políticos a tomar las decisiones adecuadas para nuestro clima en cada momento. O lo que es lo mismo, para mantener nuestra calidad de vida, si aún es posible.
Kepler inicia su misión de búsqueda de planetas similares a la Tierra
El cohete Delta II que sacó a la nave de la fuerza de gravedad terrestre comenzó a rugir a las 22.49 (03.49 GMT del sábado) cuando iluminó la noche del cielo límpido de la zona central de la Florida. "El cohete Delta II ha partido llevando a Kepler en busca de otros planetas como la Tierra", dijo el control de la misión segundos después de que cruzara la noche del Cabo Cañaveral de la Florida.
Tras entrar en la órbita a unos 185 kilómetros de la Tierra el cohete activará nuevamente sus motores para lanzar la nave a otra órbita, esta vez en torno al sol.
El Kepler, que pesa más de una tonelada, será situado en una órbita alrededor del Sol, como nuestro planeta, que realizará en 371 días y será elíptica. Esa distancia se ha considerado óptima para mantener las comunicaciones con la Tierra y su forma hará posible que el telescopio evite el brillo deslumbrante de los objetos celestiales.
El lanzamiento se llevó a cabo con un cohete Delta II, que ya ha puesto en órbita más de 120 satélites y varias sondas a Marte. Hay que recordar que el pasado 25 de febrero el lanzamiento de la misión OCO (un observatorio orbital destinado a medir el carbono en la atmósfera) acabó en fracaso porque el cohete, un Taurus XL, no pudo soportar el peso de la nave.
En busca de vida extraterrestre
Todos en la NASA confían en el éxito de una misión que puede ayudar a dar respuesta a la inquietante pregunta de si existe vida extraterrestre. Para ello, el Kepler se enfocará hacia la zona denominada Cygnus-Lyra, en la Vía Láctea, un área donde hay estrellas de una composición y edad muy parecidas a la del Sol.
Siguiendo la estela de nuestro planeta, iniciará así un viaje de tres años y medio, y 477 millones de euros, en el que observará más de 100.000 estrellas de forma simultánea y cada 30 minutos. Para saber si hay planetas orbitándolas, un fotómetro de 0,95 metros de diámetro medirá las oscilaciones que haya en el brillo de las estrellas.
Se trata de detectar cambios en esa luz que sean periódicos (durante días, meses o años) y, por tanto, indiquen que un planeta está orbitando en torno a la estrella en cuestión (lo que se denomina tránsito). "El tamaño del planeta y su distancia de la estrella se deduce de cuánto brillo quita el astro y durante cuánto tiempo", explica Andrés Moya, del Instituto de Astrofísica Andaluz, uno de los tres grupos españoles que colaboran en la misión.
Los exoplanetas
Desde 1995, los astrónomos han localizado 337 planetas fuera de nuestro Sistema Solar (el último, el observado por el telescopio europeo CoRoT, es el de un tamaño similar a la Tierra), pero ninguno tiene condiciones para albergar vida, es decir, agua líquida.
Ahora, el fotómetro de este cazador de planetas de la NASA ha sido diseñado para enfocar un amplio campo de visión, capaz de ver a más de 3.000 años luz, con una lente de 95 millones de píxeles. Es la mayor cámara que la agencia americana ha puesto en el espacio.
"El catálogo planetario que elabore Kepler será muy útil para hacer, por vez primera, una buena estadística y obtener una estimación fiable del número total de planetas del tipo de la Tierra en la Vía Láctea. Además, permitirá una planificación más fina de las misiones futuras que tengan por objetivo el estudio detallado de los nuevos mundos descubiertos por Kepler; pero si no detectase otras 'tierras', habrá que replantearse seriamente toda la estrategia para la búsqueda de vida en otros mundos", señala Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional.
En todo caso, la misión Kepler no sólo buscará planetas, sino que puede ayudar a responder otras muchas preguntas intrigantes: ¿Qué edad tienen las estrellas? ¿Es el Sol una típica? ¿Cómo evolucionan? La medición de las oscilaciones de brillo estelar ayudará a precisar la sismología de más de 5.000 de estos astros durante los primeros nueve meses en el espacio.